La crianza en tiempos de cuarentena

Nos encontramos en una época turbulenta, en la que, sin darnos tiempo casi de asimilarlo, nuestra vida ha dado un vuelco. En una sociedad que nunca para, el tiempo se ha detenido.

A las personas adultas, esto ha supuesto un sinfín de emociones, el miedo y la incertidumbre dan paso a la ira, a la desidia, la frustración y la tristeza. Hay días en que podemos sentirnos alegres y optimistas, tenemos la oportunidad de salir y que nos dé un poco el aire cuando salimos a la compra, a pasear al perro o a tirar la basura. Pero, ¿qué ocurre con los menores de la casa? Los eternos olvidados. Se habló mucho al principio de lo duro que sería para las familias, padres y madres que tendrían que buscar cómo entretener a sus hijos e hijas. Ahora, desde las escuelas, los inundamos de deberes, por si en estos tres meses sin escolarizar, queda una huella imborrable en sus vidas. Y si, quedará una huella, al igual que en todos y todas nosotras, pero no será por “perder” tiempo. La huella más profunda que quedará, será la que nosotros como personas adultas, les dejemos en este tiempo.

Los niños y niñas, al igual que los mayores, experimentan emociones como ansiedad, miedo, tristeza y enfado ante esta situación. El aislamiento también supone un parón en sus vidas, interfiere a nivel personal, familiar y social. El no saber exactamente qué ocurre (algo que también nos ocurre a las personas adultas), causa miedo, inseguridad y preocupación excesiva. Y esto, en una criatura, ya tenga 6 o 13 años, puede ser muy difícil de afrontar. El no poder salir de casa, no ver a sus amigos, familiares, maestras y maestros, cambios de horarios y de rutinas… puede ocasionar también un estado de tristeza.

¿Cuáles son las manifestaciones emocionales que pueden presentar nuestros hijos en estos momentos?

  • Estados de ansiedad/nerviosismo, tristeza, rabia, pueden mostrarse de diferentes formas:
  • Pensamientos negativos. Puede ocurrir que estos pensamientos sean muy recurrentes, “esto que está pasando es muy malo”, “vamos a morir”, “nos vamos a poner enfermos”
  • Preocupación excesiva, a causa de estos pensamientos.
  • Somatización: respuestas físicas, sudoración, aumento de tasa respiratoria, etc.
  • Conductas motoras alteradas: bloqueos, tics, temblores…
  • Irascibilidad: ataques de rabia
  • Tristeza continuada
  • Pérdida o aumento del apetito
  • Cambios en ciclos del sueño: insomnio, hipersomnia…

Estas pueden ser señales que nos indiquen que nuestros niños y niñas están pasando por un momento duro. Que, aunque ya sabemos que es así y que no podemos cambiar la situación, como personas adultas, podemos ayudarles a gestionarlo de forma que sea un poco menos duro. ¿y qué podemos hacer?

1. Comunicación, expresión emocional y acompañamiento. Es importante hablar con ellos/as para saber, de primera mano, cómo están viviendo este momento y qué necesitan. Para ello, es mejor darles la palabra primero, preguntarles qué creen que sucede, qué información tienen o cual desean tener. No hace falta presionarles para que comprendan, si no desean hablar del tema, mejor no hacerlo. Si lo desean, debemos adaptar el lenguaje y la información que les ofrecemos a su momento cognitivo y emocional. No podemos dar las mismas explicaciones a un niño de 13 años, que a uno de 7.

Debemos ser sinceros, pero cuidando el lenguaje de una forma que no provoquemos más preocupación en ellos, somos su pilar de seguridad, por lo que lo mejor es informar siendo a la vez tranquilizadores/as.
Debemos además, permitir su expresión emocional, siendo conscientes de que todas las emociones son necesarias para una buena salud mental. Por lo que no debemos despreciar ni minusvalorar que nuestros hijos se muestren tristes, enfadados o tengan miedo. Podemos validar su emoción con frases del tipo “Sé que estas asustado, es normal tener miedo cuando no sabemos lo que va a ocurrir”, dando pie a una explicación posterior de la situación, tranquilizando con palabras de ánimo “ya queda poco tiempo para que podamos salir de casa”.

Frente a emociones como la rabia, tenemos también que ser conscientes de que puede aparecer. Los niños/as, de mayor o menor edad, pueden sentir mucha frustración ante esta situación y una forma de expresarla puede ser la rabia. Debemos ser conscientes de que es una expresión emocional más y también tenemos que tenerla en cuenta, no intentando frenarla o despreciarla, puesto que la no expresión de la misma puede causar aun más frustración. En este caso, podemos ayudarles a canalizarla, ayudándoles a gestionarla de una forma sana. Quizá necesiten gritar o golpear, pudiendo nosotros establecer un espacio en nuestro hogar dedicado a “soltar” la rabia. Podemos crear un espacio con cojines para golpear o una habitación (si tenemos un espacio abierto al exterior como un patio, podemos usarlo para esto) donde poder gritar, saltar… y dejar salir toda esta rabia. Dando siempre lugar, como anteriormente a la comunicación: podemos hablar sobre ello si les apetece, antes o después de sacarla.

2. Evitar la sobreexposición. Al igual que a las personas adultas nos afecta el estar escuchando todo el día la palabra Coronavirus y noticias relacionadas, con los menores pasa exactamente lo mismo. Debemos limitar los tiempos que están expuestos a informaciones, conversaciones sobre el tema… en niños más mayores, el uso de las tecnologías puede afectar enormemente.

Esto es importante en todas las edades, ya que de por sí, el tiempo que pasan frente a una pantalla provoca mucha excitación, dando lugar a un empeoramiento del descanso, falta de atención y sobreestimulación neuronal. Además, en el caso de adolescentes y pre adolescentes, tienen acceso a más información y contenido sensible, por lo que debemos estar atentas y atentos al uso que hacen de estas tecnologías, siendo la mejor opción, limitando el tiempo de uso, por ejemplo, de una hora/ hora y media al día.

3. Establecimiento de rutinas. Estos días se han abierto varios debates en cuanto a las rutinas. Parece que el crear listas de tareas, organizar nuestro tiempo, etc. nos tranquiliza, aunque en ocasiones puede generar mucho estrés por el incumplimiento de estas tareas “autoimpuestas”.       Son días difíciles, donde nuestras rutinas han cambiado, nuestros tiempos también y sobre todo, nuestro estado emocional. Por lo que este establecimiento de rutinas, nos ayuda, por supuesto, pero debemos ser flexibles, teniendo en cuenta la situación excepcional: no podemos ser productivos todo el tiempo y debemos poder permitirnos momentos de descanso o de inapetencia.

En el caso de los niños y niñas, sobre todo los más pequeños, las rutinas son muy necesarias. En primer lugar porque les ayuda a orientarse en el tiempo, en una situación “normal”, pero además les aporta seguridad y estabilidad hacia el entorno. En niños y niñas más mayores, el establecimiento de rutinas (no demasiado estrictas) les puede ayudar en este segundo punto. Cuando el mundo a nuestro alrededor parece desmoronarse, mantener estabilidad en varios aspectos de nuestra vida, puede ayudarnos a mantenernos estables emocionalmente.

4. Por último, un punto muy importante y necesario: autocuidado. Criar, es complicado, acompañar a nuestros hijos e hijas es difícil en momentos “normales”, cuanto menos en estos momentos. Por ello es muy importante que las personas adultas que les rodean se cuiden.

Deberíamos buscar momentos en los que poder estar a solas o en pareja (si mantenemos las rutinas de sueño, por ejemplo, podemos tener un buen rato para nosotros/as “sin niños”). Si yo no me cuido, no puedo cuidar, por lo que es algo muy importante y a tener en cuenta. Los niveles de estrés pueden verse aumentados en estos días, en los que compartimos tiempo y espacio, y no disponemos de la opción de irnos a tomar el aire para relajarnos, por lo que no debemos olvidarnos de nosotros y nosotras mismas.

Busquemos ratos en los que poder ducharnos tranquilas dedicándonos todo el tiempo del mundo, turnémonos con nuestra pareja para estar con las criaturas mientras yo leo un rato, o veo una serie o simplemente me asomo a la ventana a escuchar a los pájaros… y si en algún momento no podemos más, no olvidemos que somos el ejemplo, permitámonos expresar nuestras emociones: sentir tristeza, enfado, miedo… teniendo en cuenta que nuestra gestión emocional será la que imiten nuestros pequeños. Si nos enfadamos, gritemos al aire sin dañar a nadie, lloremos sin tapujos y digamos que nos sentimos tristes y simplemente necesitamos soltarlo, etc.

Es una época turbulenta sí, muchos cambios se suceden y vendrán muchos más, hagamos que esto sea un poco menos difícil. Aprovechemos estos momentos para cuidarnos, a nosotros mismos y a quienes tenemos cerca, no olvidando por supuesto, a nuestras criaturas, nuestra huella en ellos, es la más importante.

Laura Sánchez del Olmo. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *